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Swnw (III): La Mujer: Sexualidad, Obstetricia y Tocoginecolog�a en el Antiguo Egipto. |
Por Dr. Jos� Ignacio Velasco Montes. |
LA
SEXUALIDAD Y EL EROTISMO. Cuando Dios cre� el mundo, hizo un hombre y de una de sus costillas cre�, a�n m�s perfecta, a la mujer y, se�al�ndoles con el dedo, les dijo: �Creced y multiplicaos, henchid la tierra��.
�l mismo, refiri�ndose indica: �Soy Atum cuando me manifiesto solo en el Nun; pero soy Ra en su aparici�n luminosa, en el momento mismo en que se apresta a gobernar lo que ha creado�[1] Antes de la creaci�n todo estaba sumergido en el oc�ano primordial, el Nun, y esto era antes de que el cielo y la tierra fueran separados. Estas aguas primordiales conten�an no s�lo a Atum, sino todas las esencias de los dem�s dioses, de los hombres y de los dem�s seres vivos que habr�an de existir. Atum estaba inerte y no pod�a ponerse erecto. Y le habl� al Nun:
�...me hizo consciente haciendo vivir mi coraz�n, reuniendo mis miembros hasta entonces inm�viles. Yo flotaba absolutamente inerte. Entonces mi hijo, la vida...�
Y Nun dijo a Atum:
�Respira
a tu hija Maat, el�vala hasta tu nariz, a fin de que tu coraz�n viva.
Que tu hija Maat y tu hijo Shu, cuyo nombre es tambi�n vida, que no se
aparten de ti�. El
dios Atum (1 = unidad), masturb�ndose, ingiri� su propio semen,
semilla de vida, y de este modo pari� a Shu, el aire, el vac�o y a
Tefnut, la humedad. Expuls�ndoles de su boca en forma de saliva, los
separ� pues yac�an juntos, interponi�ndose entre ellos. As�, del UNO
surgi� el TRES. De la uni�n carnal entre Shu y Tefnut, la primera
pareja del mundo (que eran hermanos y que dio lugar al primer incesto),
nacen los elementos espaciales del universo: Geb principio masculino y
dios de la tierra y Nut principio femenino y fecundo de la tierra pues
de ella part�a la luz que era imprescindible para el nacimiento de la
vida y que era la diosa del cielo. Ambos se cruzan y traen al mundo dos
parejas y ambas se aparean. [2] Y
�l, hasta ese momento, era una entidad andr�gina, con el potencial
indiferenciado de los dos sexos, como corresponde a un creador
indiferenciado. En consecuencia, la creaci�n se inicia con un acto
sexual de autofecundaci�n por el hecho de estar solo y ser
hermafrodita, actuando como una unidad pero, r�pidamente, se establece
la dualidad, al aparecer, como consecuencia de su acto de amor, los dos
sexos necesarios para la continuidad. Surge as� lo que ha mantenido
viva y en evoluci�n a la humanidad, la paredra o pareja de ambos sexos
con posibilidades de procreaci�n
LA
FISIOLOG�A FEMENINA. En aquellas fechas, hace ya miles de a�os, se conoc�an emp�ricamente muchas m�s cosas de las que podemos suponer y muchas de ellas est�n claramente plasmadas en los �Papiros M�dicos� [Figura 12]
Los papiros m�dicos contienen repeticiones entre unos y otros, copias y mejoras y una clara diferenciaci�n de temas. En los citados se trata el tema de la ginecolog�a, en ocasiones mezclada con la sempiterna magia egipcia, pero son los �nicos que tratan enfermedades y remedios para las afecciones femeninas.
LAS
DIFICULTADES EN EL PARTO. En
realidad, mirando de forma objetiva cu�l era el problema de los partos
en aquellas, y posteriores �pocas, la respuesta es tan f�cil como
real. Y no estaba ligado a mala praxis de las comadronas y los Sunu que
atend�an a las parturientas. La respuesta se encuentra, de forma
manifiesta, en otras motivaciones. La gran cantidad de muertes, un
porcentaje muy alto que alteraba las estad�sticas de muerte con un
adelanto medio de 10 a�os entre hombres y mujeres [40 a�os para los
varones y 30 para las hembras] estaba en consonancia con la edad de las
futuras madres. [9] La
edad del matrimonio no estaba restringida, pero se esperaba, salvo
excepciones (*) que la novia, en realidad casi una ni�a, tuviera la
primera regla [menarquia], cosa que debido a la latitud y el clima ocurr�a
a edades muy tempranas[10].
La menstruaci�n se consideraba que era el momento en el que la mujer se
purificaba, pues hasta ese momento se la consideraba sucia e impura.
Tras tener la regla e ir a la tienda de pureza durante 10 a 12 d�as,
hab�a alcanzado el estatus de mujer, hab�a dejado de ser ni�a y por
tanto era susceptible de ser casada. Realmente
casaban a una ni�a con alg�n familiar para mantener el patrimonio sin
dispersi�n, t�os viudos con sobrinas, entre primos, o con viudos de
familias amigas. El resultado era predecible en muchos casos. Una ni�a
sin desarrollar, con una pelvis estrecha y un feto excesivamente grande
para ella, causaba una distocia desde el primer momento y, como no se
conoc�a la ces�rea, madre e hijo mor�an en el parto. Tras
el noviazgo, una etapa de mutuo conocimiento, generalmente breve o
inexistente, se iniciaban los preparativos de la uni�n entre los �nicos
que interven�an: las respectivas familias.[11]
En
Kemit, salvo en casos excepcionales, como la familia real, la poblaci�n
era esencialmente mon�gama. Lo que s� era frecuente era que un hombre
llegara a tener varias esposas a lo largo de la vida por fallecimiento,
generalmente en el parto, de sus mujeres. Un nombre de buena talla y
fuerte, unido a una ni�a, da lugar en unos pocos meses de embarazo a un
feto de un tama�o desproporcionado a las posibilidades de espacio en el
interior de una mujer sin desarrollar. Eso llevaba a que, en el momento
del parto �ste fuera obligatoriamente dist�cico por lo que se llama
�desproporci�n c�rvico-cef�lica�[12],
es decir, el tama�o de la cabeza es manifiestamente superior al del
canal del parto, sobre todo con respecto a la parte �sea, la pelvis,
que apenas es posible pueda relajarse en una amplia proporci�n, cosa
que s� ocurre con el �tero, el Cuello de �ste, la Vagina y la Vulva.
La existencia de una mesa de exploraci�n para ginecolog�a, muy similar
a las actuales, ya exist�a en la Dinast�a VI. [13]
LOS
PROBLEMAS DE LA MUJER. En
la vida de la mujer hab�a cuatro aspectos que le preocupaban y que
marcaban su vida: la menstruaci�n, el embarazo y el parto. Y
de forma menos importante, el sexo del feto. Sobre
el tema de la menstruaci�n apenas si se encuentran datos en los
escritos de los Papiros M�dicos. Exist�an las llamadas �Tiras para
el trasero�, que se supone hacen referencia a un equivalente a los
antiguos pa�os higi�nicos, actualmente en desuso al ser sustituidos
por tampones y otros sistemas mucho m�s c�modos e higi�nicos al ser
desechables. Normalmente, para los que ten�an un m�nimo de poder
adquisitivo, se enviaban las �tiras� a lavar a las lavander�as pues
hab�a personas a las que no les importaba trabajar en �cosas
impuras� para poder comer. Las tiras iban marcadas con el signo de su
propietaria, bien dibujado sobre la tela o por la colocaci�n de un
marbete similar en cierto modo a los que se pon�an en las botellas y
jarras de vino o cerveza. Todo lo que se enviaba a las lavander�as,
incluida la ropa, iba marcado por la propietaria. Muchas mujeres, aunque
no sab�an escribir, s� ten�an un dibujo especial que era su marca y
lo pon�an en las propiedades que deb�an moverse por alguna raz�n,
ropa, alimentos, etc�tera. El lavado p�blico de estas tiras permit�a
aprovecharlas pues estaban hechas de varias vueltas de lino bueno y
suave. Se
consideraba como �sucio o impuro� todo lo referente al periodo
femenino. La realidad es que no se entend�a el fen�meno y se le ten�a
como amedrentador y peligroso, por lo que la mujer era apartada por unos
d�as emple�ndose los t�rminos de �purificaci�n y limpieza� como
necesarios. La mujer se
refugiaba en un sitio especial, una peque�a habitaci�n retirada de la
zona principal de la casa, en el terrado o en el patio, lugar al que se
le llamaba: �tienda de purificaci�n� Lo mismo ocurr�a con los
loquios, las secreciones del postparto. Es m�s, hab�a tal grado de
reprobaci�n al tema, que se consideraba �indeseable� al hombre cuya
mujer estaba menstruando o se encontraba purificando en un momento
determinado. Sin
embargo, la falta del periodo en una mujer en �poca f�rtil y que hac�a
vida marital, se sab�a desde tiempos remotos que significaba, �casi
siempre�, la presencia de un embarazo. Las amenorreas de otro tipo,
llamadas amenorreas primarias, de or�genes muy diversos, desde
hormonales a hist�ricas, no sabemos la forma en la que eran
interpretadas y, sin duda, conducir�an en numerosas ocasiones a claros
errores de falsos embarazos sin que aparecieran avances en la evoluci�n
de la gestaci�n. Toda
una serie de detalles sobre el embarazo eran muy bien conocidos y muchas
mujeres, sobre todo las que ya hab�an tenido al menos un hijo, eran
capaces de diagnosticar sin problemas los embarazos y, adem�s, predecir
con m�nimo error la fecha del parto. Lo que indica que no s�lo sab�an
contar nueve meses lunares, sino que asociaban y conoc�an perfectamente
el tiempo de gestaci�n. Se pod�a consultar al m�dico (suponemos que
pagando en especie, el sistema del trueque como fue casi la mayor�a del
tiempo, no s�lo en los per�odos m�s antiguos, antes que existiera el
dinero, sino incluso existiendo �ste por razones pr�cticas en las
zonas rurales[14]
) que observaba el color de la piel, el aspecto de los pechos y las
sensaciones percibidas en ellos por la mujer y hac�a una clara lectura
del aspecto de los ojos. Una prueba t�pica de comprobaci�n de embarazo
era la de a�adir orina de posible embarazada a unos cereales o
vegetales y si estos crec�an con fuerza era un resultado positivo y,
obviamente lo contrario, aunque dicha prueba no sea de gran exactitud
como se ha demostrado. El
pron�stico del sexo del nonato, tema de inter�s pues no era igual
tener un hijo que una hija �prefer�an el var�n-- se realizaba despu�s
mediante dos pruebas: a.-
Orina + cebada �
si crec�a fuerte era un var�n. b.-
Orina + trigo � si
crec�a fuerte era una hembra. La
lechuga egipcia, que era alta y muy enhiesta y al cortarla y presionarla
soltaba un l�quido lechoso, denso y de color blanquecino-amarillento
cuyo aspecto recordaba al esperma masculino, se cre�a que era muy �til
para la fertilidad. Se deb�a adem�s a que se le consideraba asociado
al dios itif�lico de la vegetaci�n y la procreaci�n que era el dios
Min, el dios del pene erecto. La lechuga se recomendaba en los Papiros M�dicos
como remedio de la impotencia masculina. M�s adelante en el tiempo, se
negaron estas propiedades de la lechuga y se recomendaba con el mismo
fin al puerro, consider�ndose en esta �poca tard�a que la lechuga era
un antiafrod�siaco.
LAS
COMADRONAS. El
parto era cosa de mujeres, se resolv�a entre ellas y raramente interven�an
los m�dicos. Existen pocas referencias al parto en los papiros m�dicos
y otros escritos. S�lo el papiro Westcar[17]
ofrece algo de informaci�n sobre este extremo en el nacimiento
milagroso de los trillizos Redjedet. En este caso se us� un taburete
especial transportable (del que hablaremos) y le asistieron cuatro
diosas disfrazadas de comadronas. Una de las diosas emple� un m�todo,
no explicado, para acelerar el parto. El
parto lo resolv�an las comadronas, ya que se consideraba a �ste como
un acto normal, fuera de los l�mites de la ciencia m�dica, salvo
cuando aparec�an complicaciones. Caso de aparecer, tampoco sol�an
poder hacer gran cosas por lo que ya hemos dicho en cuanto a las causas
de las dificultades.
EL
PARTO Y SUS DICULTADES.
Seg�n
los papiros m�dicos, el cord�n no se cortaba hasta que el ni�o no hab�a
sido ba�ado y se hab�a expulsado la placenta, que se representa por
las letras jerogl�ficas �Kh�. No
se habla nunca de vendar el ombligo. El corte del cord�n se realizaba
cuando desaparec�a la circulaci�n en los vasos umbilicales, aspecto
que se aprecia por las pulsaciones cardiacas del neonato, momento en el
que se ataban ambos extremos con un bramante. Cord�n
y placenta ten�an asociaciones m�gicas, y se cre�a que estaban
investidas de un �otro yo�, el doble o hermano muerto del reci�n
nacido, su gemelo. No era extra�o conservar placenta y cord�n
momificados y llevarlos a la tumba como parte del ajuar funerario. En
algunas �pocas la placenta se enterraba a la puerta de la casa. Para
los dolores del parto se sol�an usar bebidas embriagantes, como la
cerveza cuando las dificultades eran serias y dolorosas. Los
tipos de partos. Seg�n
se desprende de la literatura de la �poca, se distingu�an tres tipos
de partos: 1.-
Normal o satisfactorio: Al que llamaban Hotep. 2.-
Complicados o dif�ciles: Llamado Bened. 3.-
Prolongados: Denominado Wedef. Para
acelerar el parto se usaban humos de terebinto, o cremas en base a polvo
de azafr�n disuelto en cerveza o pulverizados de m�rmol disuelto en
vinagre, con todo lo cual se esperaba aliviar el dolor y acelerar el
parto. Los humos se usaban como sahumerios en el �rea genital, mientras
que los otros productos se aplicaban en forma de masajes en el vientre
de la parturienta, lo que en realidad era una ayuda por presi�n al
empuje del motor del parto. En
los casos de vagina y o �tero ca�do, los prolapsos vaginal y uterino,
de los que se habla extensamente en los papiros m�dicos, se empleaban
aceites (Baq) e incluso ya eran ya conocidos los �pesarios� en base
a piezas met�licas, que trataban de llevar la matriz a su sitio llev�ndolos
al fondo de la vagina y alrededor del cuello uterino. [19]
El
pago a la comadrona se realizaba con trigo y tras el parto la madre
empezaba una purificaci�n que duraba 14 a 15 d�as. Esta purificaci�n
no se diferenciaba bien, o no se han expuesto las diferencias, de la que
se hac�a tras la menstruaci�n. En todo caso la madre quedaba protegida
y exenta de trabajo {si la situaci�n econ�mica de la familia lo permit�a}
por ese tiempo seg�n unas fuentes, o volv�a al trabajo sin ninguna
consideraci�n seg�n otras. Durante unos d�as, en los mejores casos,
sus labores la realizaban los familiares o las vecinas. LA
MEC�NICA DEL PARTO. El
parto en s� mismo se desarrollaba de la siguiente manera. La madre se
desnudaba y era ayudada a colocarse sobre dos filas de ladrillos para
estar elevada del suelo o bien, en otras t�cnicas, se la sentaba sobre
un taburete especial para el parto. �ste dispon�a de un agujero
central suficientemente amplio para que pasara el ni�o al nacer. De
este modo se usaba la gravedad (peso del ni�o) y la ayuda de la
comadrona para ayudar a la expulsi�n (�presi�n sobre el vientre?) La
comadrona actuaba agachada para facilitar la ayuda. Se usaban vendajes
abdominales para aumentar la presi�n y tambi�n los supositorios
vaginales de aceites y grasas facilitando, a modo de lubricante, la
expulsi�n[20]. El
cord�n se cortaba con un cuchillo de obsidiana por motivos rituales que
indicaban �tradicionalmente-- que no deb�a usarse un cuchillo met�lico.
La placenta recib�a cuidados especiales pues se consideraba que estaba
ligado a la vida del ni�o, por lo que se enterraba en la puerta, en el
umbral de la casa del reci�n nacido, o se arrojaba al Nilo para
asegurar la vida de �ste. En ciertos documentos se indican que la
placenta, al menos la del rey, era considerada como su hermano gemelo no
nato. Parte de la placenta se le pod�a dar a comer a la madre e
incluso, se daba un poco al ni�o. Si �ste lo rechazaba o emit�a un
ruido parecido a la palabra NO, se consideraba un mal presagio
que indicaba que el infante morir�a pronto. Tambi�n el cord�n
umbilical recib�a trato especial, generalmente se le momificaba y
guardaba para que le acompa�ara a la tumba. Terminada
la purificaci�n de la madre (14 o 15 d�as), �sta sal�a del lugar
para ocuparse de su hijo. Llevaba el ni�o sujeto al cuerpo con unas
vueltas de tela y las dos manos libres para volver al trabajo. Fiebres
puerperales, infecciones intestinales y otros muchos problemas esperaban
a la made y al reci�n nacido. S�lo un porcentaje muy bajo de neonatos
consegu�a sobrevivir[21]. CONDUCTA
CON EL RECI�N NACIDO. Los
gemelos no eran bien recibidos y parece ser que, en �pocas tempranas,
uno de ellos era sacrificado. Las pelvis estrechas, o an�malas, supon�an
un gran problema que llevaba a la muerte de ambos, como se constata en
momias de mujeres con grandes desgarros de la vejiga y la vagina. Al
reci�n nacido se le pon�a nombre de inmediato, tras consultarlo y
acordarlo con el padre. El nombre era de gran importancia para el
egipcio, ya que le confer�a poder y vida futura. Que se recordara el
nombre de alguien era como volverlo a la vida. Es por ello que los ricos
se hac�an monumentos con su nombre para as� ser recordados. Sufrir una
2� muerte por ser olvidado el nombre en la vida terrenal, era
considerado como algo horrible. Por ello, todos los egipcios quer�an
tener hijos que se ocuparan del entierro y recordaran su nombre. El
dicho egipcio,�El hijo que entierra a su padre, lo hereda� era lago
m�s que una frase. Cuando
el ni�o empezaba a andar, sobre el a�o, m�s o menos, el ni�o dejaba
de ser una carga para su madre. Que comieran y vestirlos no era muy
problem�tico y se pod�an ocupar de ellos las hermanas mayores. Con el
clima egipcio iban desnudos durante a�os. Las ni�as ya mayores, en �poca
tard�a, se empiezan a poner la t�nica de mujer. CONCLUSIONES. El
parto era, para la mayor�a de las mujeres, sobre todo las primerizas,
el momento m�s arriesgado de su vida. Y de hecho los decesos a
consecuencia del parto eran una casu�stica de muy alto valor y el
motivo m�s frecuente de la muerte en la mujer. La motivaci�n es
sencilla: madres excesivamente j�venes sin haber terminado el
desarrollo y haber alcanzado un grado de madurez f�sica suficiente. La
ausencia de mecanismos de ayuda al parto: ces�rea, uso de f�rceps ,
maniobras manuales de extracci�n como la de introducir la mano y el
brazo y dar la vuelta al feto e incluso la vulgar episiotom�a cortando
para ampliar la vulva y, la ausencia de una clara idea de los mecanismos
de expulsi�n, grupo de conocimientos que hoy se engloban bajo el
concepto de Tocurgia, dejaba indefensa a la mujer y, por supuesto a la
comadrona o al m�dico en su caso que, sin armas con las que actuar,
contemplaban como todo acababa en la muerte de la madre y del hijo.
Aspecto por dem�s que estaba muy aceptado por la sociedad por una raz�n
l�gica: era lo habitual y lo que mandaban los dioses.
Un aspecto del que no hay datos, pero que por la estatuaria parece deducirse positivamente es: �se llevaban bien las parejas egipcias? [Figura 24]
LA FAMILIA. En la familia la mujer es la �se�ora de la casa�[23]. En los hogares sol�a haber un ara u hornacina en la que se colocaban las deidades dom�sticas: Tueris, Bes, Hathor, etc�tera, que serv�an para protegerse de los genios malignos y de los muertos enemigos.
Se
cre�a que los muertos ten�an una gran influencia sobre los vivos por
lo que se les llevaba figuras a las tumbas, se com�a en ellas y se les
solicitaban cosas, como tener muchos hijos y buenos partos. Estas
figuritas femeninas en las tumbas fueron consideradas durante un tiempo
como �concubinas de los muertos�, pues iban desnudas y apenas si ten�an
un ce�idor de cadera a cadera y se les marcaba con color (�azul?) o
tatuajes formando el tri�ngulo del sexo. Pero dado que se las encuentra
en tumbas de ni�os y ni�as se ha aceptado que son figuras de
fertilidad que solicitan suerte e incluso que ayudar�an al muerto a
renacer en el otro mundo. LOS
TATUAJES Y SU SIGNIFICADO. El
tatuaje era de origen nubio y se realizaba con holl�n y aceite,
mientras otros autores insisten que se usaba el negro de humo (holl�n)
m�s agua. A los tatuajes siempre se les incluye entre el grupo de los
cosm�ticos. La t�cnica del tatuaje es sencilla y consiste en colocar
diminutas part�culas de la substancia colorante de forma subcut�nea,
lo que se hac�a, seg�n la �poca, al principio mediante espinas
vegetales o de pescado y m�s adelante por medio de finas puntas de
cobre o bronce. El instrumento pod�a ser una sola punta o de varias que
iban colocadas sobre un mango de madera y sujetas con yeso o con alg�n
tipo de resina. Para el tatuaje se han encontrado y se empleaba tambi�n
una varilla que ten�a 7 agujas, muy finas, fijas con yeso o resina. Se
usaba para realzar la belleza, sobre todo en las mujeres. Inicialmente
consist�an en puntos que formaban dibujos muy simples, como tri�ngulos
(Tananjaros) y paralelogramos. Otros tatuajes m�s complicados, ya en �poca
mas avanzadas, representaban a dioses y diosas, siendo el m�s t�pico
el del enano Bes, que significaba obtener el m�ximo placer sexual y
poder hacer el amor con frecuencia, al tiempo que se solicitaba
tener muchos hijos y buenos partos. En
ciertas profesiones, como las prostitutas, las bailarinas y las acr�batas,
obligadas a realzar sus cuerpos, se tatuaban de forma acusada, tanto por
el torso, como los brazos y las piernas. Hacia el Imperio Nuevo la
costumbre desaparece bastante. Algunas
mujeres, incluso de clases m�s que acomodadas, se hac�an un tatuaje
con el dios enano Bes en la parte alta del muslo, aunque no se sabe con
certeza la raz�n de ello. Tambi�n se han encontrado otras diosas, como
Tueris y dem�s entes protectores o en relaci�n con el sexo. Hay
autores que opinan que era para realzar la belleza, otros que era un
aviso de ser prostituta, pero parece ser m�s l�gico que fuera una
petici�n de protecci�n para el parto, al que tanto tem�an las mujeres
dada su alta mortalidad. Otros opinan que era una solicitud de protecci�n
ante las enfermedades ven�reas, de las que por cierto no se habla nunca
en los papiros m�dicos, como si no hubieran existido.
MEDIDAS
ANTICONCEPTIVAS. El
temor al parto, las necesidades sociales, el hecho, sobre todo en la
alta sociedad de no desear m�s hijos o simplemente las relaciones fuera
de un estatus socialmente bien aceptado, eran causas suficientes para
tomar medidas de defensa ante el embarazo. Los
m�todos anticonceptivos[25]
eran conocidos desde tiempos muy antiguos y se les llamaba �desviaci�n
de la pre�ez�. Los hab�a para uso de ambos sexos: A.-
Para la mujer. 1.-Usaban
sistemas absurdos de quemar diversos materiales (sahumerios) y que el
humo diera en los genitales y de esa manera no quedar encinta. Se
quemaban toda clase de cosas, entre ellas excrementos de animales y
substancias con mal olor, con el fin de alejar a los esp�ritus
proclives al embarazo. 2.-
Introducci�n de bolas de lino u otros materiales en la vagina,
impregnados de diversas sustancias, como miel, extractos de acacia, d�tiles
y similares. Se conoce la f�rmula siguiente: Tamp�n vaginal impregnado
de: a.- Vainas de acacia. b.- Coloqu�ntidas [es una cucurbit�cea del tipo de la calabaza, el pepinillo, el mel�n o el calabac�n] c.-
D�tiles
machacados. Este conjunto se maceraba en � litro de miel y tras unos d�as
se empapaba el tamp�n y se empezaba a usar. 3.-
Duchas vaginales diversas, sobre todo usando aceites templados, y
substancias vegetales diversas presuntamente destructoras del contenido
del esperma. Los egipcios sab�an bien que el esperma masculino era el
portador de la futura vida que hab�a de nacer. Curiosamente, en los
casos de esterilidad, se pensaba que el canal o metu normal para el
embarazo, vulva y vagina, estaba obstruido, y se lleg� a utilizar el
coito oral para buscar el ansiado y deseado embarazo que, naturalmente
no se produc�a utilizando una v�a contra-natura. B.-
El var�n. Por
parte de los hombres hab�a tambi�n m�todos anticonceptivos, y se
practicaban al menos dos sistemas[26]: 1.-
El Coito interruptus, sacar el pene y verter el semen fuera de la
vagina. 2.-
El Coito obtructus: consistente en la desviaci�n del esperma a
la vejiga de la orina, mediante el uso de presi�n en la base de la
uretra, lo que hacia retroceder el esperma. Hay
datos que nos hablan de la existencia, aunque s�lo por im�genes, del
posible uso de algo parecido al preservativo, pero su uso era m�s de
protecci�n ante la esquistosomiasis, que se pensaba era de transmisi�n
sexual. Del mismo modo se conoce la existencia, por los papiros m�dicos,
del uso de substancias espermicidas, �vulos vaginales y diversos tipos
de taponamientos blandos, e incluso, se ha hablado del posible uso, en
�pocas muy tard�as, de tapones s�lidos de materias porosas, colocados
en el fondo de la vagina obturando el Hocico de Tenca, todo lo cual ser�a
un antecedente del moderno diafragma[27]. LA
FELICIDAD CONYUGAL. El
matrimonio significaba para la mujer en cierto modo una liberaci�n o al
menos un claro cambio de situaci�n que la hacia m�s libre y le dotaba
de mayor poder: a.-
Paso de hija a esposa. b.-
Paso de ni�a a mujer. c.-
P�rdida de la solter�a. La solter�a era considerada como un fallo del
papel principal que tiene la mujer en la vida, que era unirse a un
hombre y tener hijos. d.-
Respetabilidad por parte de la sociedad por el hecho de pasar de ser
soltera a estar casada. En
el Antiguo Egipto se aplicaba todo esto pues se consideraba el
matrimonio como una protecci�n frente a las intemperancias del mundo
exterior. Adem�s, el egipcio de aquella �poca se complac�a (era una
raza muy dada al amor) en lo que de rom�ntico tiene el matrimonio. Por
ello la mujer, desde ni�a: 1.-
Era educada por su madre para el matrimonio y le ense�aba las tareas
dom�sticas. 2.-
La adolescente llegaba a una edad en la que quedaba en espera de ser
casada. 3.-
La elecci�n del marido estaba sujeta a las siguientes pautas: A.-
Pactos dentro de la familia: primos, t�os. B.-
No les preocupaba en absoluto la endogamia (pues no conoc�an el
concepto), aunque si ten�an problemas con ella, ya que se han
encontrado con defectos achacables a esta circunstancia. C.-
Se trataba de evitar que la chica se casara con chicos de otros pueblos,
para evitar as� que �ste se la llevara lejos de la familia. D.-
Pero, sobre todo, se trataba de evitar la dispersi�n del patrimonio de
la familia. E.-
El estado no pon�a objeciones a los matrimonios con extranjeros en
ninguna de las dos posibilidades. Ello se deb�a a que no les preocupaba
la pureza de la raza. Esta libertad se extend�a a matrimonios de libres
con esclavos e incluso entre esclavos. Esta situaci�n se altera en la
�poca grecorromana, con la que llega una idea xen�foba e imperativa: era
obligatorio casarse dentro de la misma casta. LA
ESTERILIDAD. Era
muy importante para la mujer ya que la que era f�rtil, era atractiva
sexualmente y la envidia de otras no tan afortunadas. Una mujer con
varios hijos era aprobada por la sociedad y tambi�n por su marido y
familia. Una madre con hijos recib�a un trato especial y ocupaba un
lugar de honor en la tumba de su marido e hijos. Los
hombres ten�an que demostrar tambi�n su potencia y virilidad
engendrando el mayor n�mero posible de hijos y, para ello, precisaban
de una mujer fecunda. Los
prefijos de maternidad y paternidad eran en el Antiguo Egipto: Abu..........�
Padre de... Om
.......... � Madre
de... Om
el-ghayib � Madre
del ausente = Madre sin hijos = est�ril.
Marbella, 2005.
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Casson, Lionel.- L`�gypte ancienne.- Time
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